El duelo y las despedidas

Nuestras grandes heridas en nuestra vida se producen ante la separación de un ser querido, cada muerte, cada separación, cada despedida es un duelo, que toca nuestra herida primaria, nuestra primera separación con nuestra figura de apego.

Dependiendo de como fuese nuestro apego y nuestra vinculación con esta figura, condicionará nuestro modo de afrontar los duelos y nuestro modo de relacionarnos con el mundo. Además de nuestros propios recursos.

Ante ese tipo de acontecimientos solemos contactar con emociones que habitualmente intentamos evitar. Sin embargo, en algún momento contactamos con nuestra esencia, con lo que nos mueve, el miedo, la tristeza, la rabia, la paz, el orgullo… Nos cuestionamos sobre lo que estamos haciendo en nuestras vidas, qué ocurrirá después de la muerte, preguntas que no siempre tienen respuesta y que nos supone un parón en nuestra vida y una mirada hacia adentro.

En ocasiones hay personas que sienten el contacto con el dolor  tan intenso que creen que no serán capaces de superarlo. El tiempo es el que acaba sorprendiéndonos a nosotros mismos, es la única medicina para poder recuperarnos, para poder reconstruir nuestra vida con la ausencia de la persona que se ha ido. Existen varias etapas por las que pasa una persona ante un duelo intenso, sin embargo no existe consenso sobre el orden de estas etapas, dependerá de cada persona. La negación, el enfado, la tristeza, la resignación son algunas de estas.

El tiempo para superar un duelo no es exacto, va a depender del tipo de duelo que sea, muerte, separación,… si es por muerte influirán las causas como enfermedad, muerte repentina, suicidio, etc. Si es por divorcio el motivo que lo detonó y el grado de conflicto afectará. Otro aspecto que determinará el tiempo de superación del duelo será la relación que tuviésemos con la persona, pues en ocasiones nuestra identidad se ve afectada por la ausencia de la persona que ya no está, hay una modificación de los roles, por ejemplo ya no soy el marido de… aspectos de la convivencia de los que se ocupaba la otra persona habrá que cubrirlos, en esencia habrá que cubrir el vacío que deja la persona que ya no está.

Si existen asuntos pendientes con la persona que ya no está resultará más difícil superar el duelo, es por este motivo que siempre es aconsejable despedirse de la persona y no quedarse con aspectos que nos hubiese gustado decirle, tanto positivos como negativos.

Los duelos siempre nos ponen a prueba nuestra capacidad de reinventarnos y de reconstruir nuestras vidas y es ahí donde descubrimos nuestra verdadera esencia, lo que nos mueve, nuestro lado oscuro, nuestro miedos. Y también nuestro potencial, es la oportunidad de crecimiento, de desarrollarnos y de descubrir nuestras fortalezas.

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