La respiración para disminuir el estrés y la ansiedad

Hoy en día es habitual escuchar que vivimos con un nivel de estrés elevado y cada vez se dan más casos de ansiedad, especialmente en las grandes ciudades. Buscamos soluciones mágicas y a veces complicadas, pero una práctica sencilla y realizada de manera concienzuda y adecuada, como es respirar puede ser de gran ayuda.

El estrés no necesariamente es negativo, incluso en algunas situaciones es necesario. Sin embargo un prolongado estado de estrés es nefasto para nuestra salud, sometiendo a nuestro organismo a un sobre esfuerzo constante. Ante una situación de estrés nuestro cerebro y en especial la amígdala dará la orden de urgencia y de segregar adrenalina, aumentando la fuerza y la frecuencia cardiaca, nuestra respiración se acelerará, parará el proceso de digestión, se inhibirá la actividad renal para reserva de agua, los músculos se tensaran y estaremos en máxima atención.  Si todo este proceso lo mantenemos constante se producirá agotamiento en nuestro organismo, agotando nuestros recursos y aparecerá la enfermedad en algún órgano.

Cuando hay bloqueos emocionales originan una disminución del volumen respiratorio, y a su vez una disminución del oxígeno en las células (menor metabolismo), una disminución del oxígeno expulsado, lo que provoca asfixia celular, el dióxido de carbono es ácido, para neutralizarlo el cuerpo acumula agua en el tejido, este proceso sostenido en el tiempo disminuye la funcionalidad del tejido, favoreciendo la aparición de enfermedades.

A través de diferentes tipos de respiraciones como por ejemplo respiraciones de pranayama, practicadas con una frecuencia diaria preferentemente en la mañana, podemos conseguir descender el nivel de estrés, aumentar nuestra energía vital y calmar nuestro cerebro, ayudando a centrarnos, junto a esto ayudaremos a desbloquear emociones. Con el aumento de oxígeno en el cuerpo, normaliza la función de los tejidos, favorece la llegada de nutrientes a las células y alcaliniza el cerebro, nos hace estar más despiertos y conscientes.

La ciencia nos demuestra que habitualmente no respiramos adecuadamente y algo tan sencillo debe ser aprendido y practicado poniendo conciencia en ello, pues la mejora en nuestra salud mental, física y emocional es evidente, además de la prevención de enfermedades. Consiste en una práctica sencilla y agradable que sólo necesita de motivación y unos 20 minutos de práctica diaria, tiempo de atención y cuidado a uno mismo, tiempo para ti.

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