Los vínculos y las relaciones

El ser humano es un ser social por naturaleza, nuestra vida va estar marcada por nuestras relaciones con nuestro entorno, en función de cómo nos relacionemos tendremos más o menos éxito en las distintas áreas de nuestra vida. Cuanto más amplia sea nuestra red social a menos riesgos estaremos expuestos y más fructíferas serán nuestras relaciones.

Mucho se ha estudiado sobre el vínculo y la relación con nuestras figuras de apego (normalmente los padres), y parece que hay bastantes evidencias en que dependiendo de cómo sea nuestra relación cada una de estas dos figuras o referentes marcará nuestra manera de enfrentarnos al mundo, nuestra manera de establecer relaciones íntimas, nuestra relación con el mundo laboral, con el dinero, nuestras amistades y nuestros hijos. Generándonos una forma de pensar, sentir y hacer.

La manera de relacionarnos va estar marcada por nuestras primeras vivencias en nuestra infancia, nuestra biología y nuestro modo de apego y vinculación… Dependiendo de cómo hayan influido en nosotros nuestras figuras de referencia y principales cuidadores, tendremos una mayor o menor seguridad, un concepto de autoimagen y aprenderemos a relacionarnos primero por lo que hayamos aprendido observando y posteriormente por el aprendizaje de nuestras propias vivencias y en el modo que haya sido reforzadas y premiadas dichas conductas o comportamientos.

El ambiente va a ser otro aspecto que va influenciar en nuestro modo de concebir el mundo y relacionarnos, las primeras vivencias en la escuela hacia los 4 o 6 años, van a servir de entrenamiento para relacionarnos con nuestros iguales, sociabilizarnos y buscar la manera de ser aceptados y escuchados por el grupo, el niño luchará para ser integrado y probará distintas maneras de hacer para ser aceptado. Vivencias negativas en esta etapa ya marcarán de alguna manera al niño y al autoconcepto que tenga, pues al ser una etapa muy temprana existe mayor vulnerabilidad.

La siguiente etapa que es bastante decisiva es la adolescencia, es una etapa en donde se convierte en esencial la relación con los iguales y es vital en el desarrollo de la identidad, pues es en el grupo donde se practican maneras de ser, de vestirse, de hacer y de pensar, el adolescente necesita de la mirada de sus iguales para ser aceptado, separarse de sus figuras de referencia, practicando maneras de ser en diferentes grupos para descubrir su identidad. Las relaciones pasan de ser superficiales a profundas y con mayor compromiso. En esta etapa influirá la autoestima que se haya forjado en el pasado con las anteriores vivencias y las vivencias en sí que se tengan en esta etapa.

Se ha comprobado que los adultos con apego seguro tienden a tener una visión más positiva de sí mismos, sus parejas y sus relaciones. Se sienten cómodos con la intimidad y la independencia, equilibrando los dos. Los adultos preocupados-ansiosos buscan mayores niveles de intimidad, aprobación y respuesta de la pareja, volviéndose excesivamente dependientes. Ellos tienden a ser menos confiados, tienen una visión menos positiva de sí mismos y de sus parejas, y pueden presentar altos niveles de expresividad emocional, preocupación e impulsividad en sus relaciones. Los adultos desapegados-evitativos desean un alto nivel de independencia, muchas veces evitando el apego por completo. Ellos se ven a sí mismos como autosuficientes, invulnerables a los sentimientos de apego y sin necesidad de relaciones cercanas. Tienden a reprimir sus sentimientos, que trata de rechazo, distanciándose de sus parejas de quien por lo general tienen una visión negativa. Por último, los adultos asustados-evitativos tienen sentimientos encontrados sobre las relaciones, tanto deseantes cuando se siente incómodos con la intimidad emocional. Ellos tienden a desconfiar de sus compañeros y se ven a sí mismos como algo sin valor. Como los despegados-evitativos, los asustados-evitativos tienden a buscar menos intimidad, suprimiendo sus sentimientos.

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