¿Tu eres de los que paras o haces mil cosas?

Hoy en día es casi un lujo el poder parar, siempre vamos corriendo a todos los lados, con falta de tiempo, con mil cosas por hacer. Los motivos que nos impulsa hacer muchas cosas son variados, ritmo de vida, familia, trabajo, ocio, deporte, ciudad, etc. Parece que hay que hacer todo, no dejarse nada, no se puede parar porque creemos que algo malo puede suceder y más en las grandes ciudades.

Muchas veces se debe a compromisos, o que hemos aprendido que hay que estar haciendo y justificamos nuestra identidad y nuestra valía con el “hacer mucho”.

El caso es que es una rueda, que cuando se entra es difícil salir. Y parece que el que más vive es el que más hace. Otras veces se diría que vamos en busca de algo, o que tapamos nuestra angustia, nuestros miedos en el hacer casi de una manera compulsiva, como por ejemplo ponerse a limpiar todo y recoger.

Todo va rápido de manera inmediata y esto nos impide tomar conciencia en el sentir, en el darnos cuenta, en el estar en el aquí y el ahora, en el poder conectar realmente con la otra persona que está con nosotros. Somos robots y esto nos lleva a sentir el vacío, pues de alguna manera estamos anestesiados, a menudo este es el sentimiento que nos impulsa a iniciar una terapia, pues nos desconocemos y nos da pánico el vacío en el encuentro con nosotros mismos.

¿Para qué necesitamos hacer tanto? y ¿Qué ocurre cuando decidimos parar?

Básicamente hacemos tanto, por una creencia interna y por seguir el ritmo de nuestra sociedad. En ocasiones he escuchado el hecho de sentir que se vale o que se es alguien por lo que hace, por desgracia cada vez es una idea más generalizada, tanta es la inercia del hacer que es difícil parar cuando se da la oportunidad, por ejemplo las vacaciones. Momento ideal para descansar y conectarse con uno mismo, sin embargo vengo observando que hasta que al menos no pasan tres días de descanso, la persona no es capaz de frenar esa inercia y en muchos casos no consiguen este objetivo, pues aparecen nuevos “haceres” para evitar el estar con uno mismo y enfrentar a nuestros temores, pues el alcohol u otras sustancias pueden ser un buen sedante. Cuando estamos centrados únicamente en el hacer y planificamos, programamos y organizamos, pensando siempre en el futuro, estamos probablemente evitando estar con nosotros mismos.

El parar y hacer con calma requiere de cierto entrenamiento y principalmente de conciencia de uno mismo y responsabilidad. Aquí dejo algunos consejos a seguir:

  1. Observa tu propio funcionamiento, que es lo que haces a lo largo de la semana y en que momentos eres plenamente consciente estando en el momento presente y sintiendo lo que esté pasando en ese momento.
  2. Analizar para qué haces tanto y que estás evitando.
  3. Empieza a tomar conciencia de cada momento, siendo consciente de sensaciones y sentimientos como olores, colores, sonidos, gusto.
  4. Practica meditación y respiraciones a diario. No consiste en mucho tiempo, pero si en convertirlo en un hábito o rutina. El tomarte un tiempo de estar contigo mismo y escuchando y sintiendo tu respiración y tu interior.
  5. Procura conectar con la naturaleza, siempre facilitará más esa conexión.

El estar en el aquí y en el ahora es el único modo de estar plenamente y vivir, todo lo demás es un sueño. El secreto no es tanto el hacer más o menos sino el cómo se hace y para qué se hace, responsabilizándonos de esto.

Si deseas saber más o necesitas ayuda para poder frenar esta rueda puedes contactar conmigo en http://aglaepsicologa.es/classes/psicoterapia-individual/

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