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Recetas mágicas para la felicidad ¿Existen?

En la actualidad existen muchas corrientes positivistas con el objetivo de dar técnicas o recetas mágicas para la felicidad, muy a menudo acertadas y exitosas si se realizan con asiduidad y continuidad. Estas técnicas buscan el “control” de los pensamientos y las emociones, para que el sujeto tome poder sobre sí mismo, sin embargo el propio “control” es un funcionamiento neurótico y la no asimilación y confusión de conceptos puede llevar a resultados indeseables. Sobrevalorando emociones como alegría o el afecto. No critico la efectividad de estas técnicas, sino la confusión que generan algunos conceptos y la propia deshumanización de estos.

Partiendo de la base que las emociones “son” el hecho de designarlas  como positivas y negativas es un error, las emociones se sienten, no se controlan. Omitir o negar una emoción hace que nos quedemos enganchados y continuamente volvamos a ella, pues hasta que no es resuelta y escuchada no podremos cubrir esa necesidad y fluir equilibradamente. Las emociones básicas más comúnmente conocidas son miedo, alegría, tristeza, enfado, afecto. Nacemos con ellas para sobrevivir y necesitan ser cubiertas como el beber, comer o dormir. Por ejemplo si siento sed y no bebo agua, mi sed aumentará cada vez más, pues lo mismo ocurre con las emociones. Si siento enfado y no pongo límites o tristeza y no me retiro conmigo mismo, quedaré enganchado en esa emoción e interrumpiré el ciclo de necesidades. Es decir el estar en un estado continuo de alegría significaría negar otras emociones y bloquear el equilibrio, en otras palabras sería un funcionamiento neurótico, que en psicología podríamos llegar a llamar estado maniaco.

Escucho a menudo a personas que sienten culpa por estar tristes o enfadadas y luchan por no sentirse así, pues parece que es negativo estar triste o enfadado, … sin embargo lo que están haciendo esas personas es sin darse cuenta quedarse más anclados en esa emoción. Sería como sentir culpa por sentir hambre y no permitirse comer.

Un funcionamiento sano cosiste en escucharse a uno mismo, aceptar la emoción que siento, sentirla en su totalidad para cubrir la necesidad y dejarla ir. De esta manera estaremos en un constante fluir, en equilibrio y en un estado de paz o felicidad. Pues la felicidad no consiste en negar las emociones desagradables o nuestras partes oscuras, sino en aceptarlas y reconocerlas, es a partir de ahí donde se puede generar un cambio. Todo lo demás seguirá siendo un funcionamiento neurótico y una huida de nosotros mismos.

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